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Los constructores de las Pirámides


 

Una de las excavaciones que más ríos de tinta han hecho correr en los últimos años ha sido la acometida por los profesores Mark Lehner y Zahi Hawass en lo que se ha dado en llamar la ciudad de los constructores de las Pirámides, un recinto urbano de importantes dimensiones, situado al sur de las pirámides de Guiza, al pie mismo de la meseta y a muy poca distancia de la Esfinge.

Lehner y su equipo han sacado a la luz varias calles secundarias que desembocan todas en una calle principal orientada de norte a sur. Esta podría ser la calle pavimenta más antigua de Egipto. Las evidencias sugieren varias residencias, dos panaderías en las que han aparecido moldes para la realización del pan, una fundición, una factoría de pescado salado y otros talleres. También han aparecido las paredes de un edificio de grandes dimensiones que podría ser un palacio. Hacia el este de las excavaciones se han encontrado evidencias de un sistema de aguas residuales junto a otros asentamientos de carácter rural.

Hawass por su parte, se ha concentrado en la necrópolis de la ciudad, situada a muy pocos metros, sobre la ladera. Allí ha podido excavar varias decenas de tumbas construidas principalmente con ladrillos de adobe y piedra caliza y algunos añadidos de granito, basalto y diorita realizados, con toda probabilidad, con los restos de las piedras utilizadas para las construcciones de pirámides, templos y tumbas de la meseta de Guiza. Estos materiales, así como las inscripciones encontradas en las tumbas, han permitido demostrar que pertenecieron a los técnicos y artesanos que levantaron las pirámides o por lo menos a las generaciones posteriores de trabajadores que se encargaron del mantenimiento del complejo sagrado.

Las formas de las tumbas presentan tipos muy diversos: pequeñas pirámides, pirámides truncadas, mastabas e hipogeos. Los esqueletos analizados hasta ahora presentan rasgos evidentes de haber realizado en vida un trabajo duro, soportando pesadas cargas sobre sus espaldas, pero el nivel de asistencia médica del que gozaron es sorprendente.

El cementerio está dividido en dos partes bien diferenciadas. El cementerio superior es el más elaborado, con tumbas de ladrillo y piedra caliza. En el interior de algunas tumbas se han encontrado estatuas del difunto y otros artefactos de gran calidad artística. En las inscripciones encontradas pueden leerse títulos como “inspector de la construcción de las tumbas” y “superintendente de los artesanos”. En este cementerio fueron enterrados los artesanos de mayor nivel que vivían permanentemente en la ciudad, mientras que el cementerio inferior, más sencillo, estuvo destinado a los trabajadores esporádicos, encargados de mover las piedras y otros trabajos pesados.

Estos descubrimientos han supuesto un espaldarazo a las teorías de Zahi Hawass, que durante años se ha afanado en demostrar que las pirámides nunca fueron obras de esclavos sino de personas libres y altamente cualificadas, motivadas no por el miedo sino, muy al contrario, por la devoción religiosa y el respeto por la institución faraónica a la que servían. Según Hawass, la construcción de una pirámide era un gran proyecto nacional que implicaba al país entero, una gran obra en la que todos colaboraban según sus fuerzas y capacidades, y con la que el rey hacía partícipes a todos de su fuerza y su dignidad.



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