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Época Ptolemaica


Cuando Alejandro continuó su avance  hacia oriente, dejo como gobernador de Egipto a uno de sus generales, de nombre Ptolomeo Lagos, que se proclamó rey de Egipto a la muerte de Alejandro, en el año 311 a.C., adoptando el nombre de Ptolomeo I Soter. Con él se inauguró la dinastía griega, conocida como ptolemaica o lágida. Su reinado y el de su sucesor, Ptolomeo II Filadelfo, constituyen el máximo esplendor que la civilización griega alcanzó en Egipto.

Los Ptolomeos gobernaron Egipto durante los últimos trescientos años de su historia. Las culturas griega y egipcia se mezclaron desigualmente, con un claro predominio de los valores griegos, que impusieron una visión política y comercial por encima de otros valores tradicionales. La administración fue protagonizada por miles de griegos, eruditos, profesionales cualificados, pequeños y grandes comerciantes, que llegaron a Egipto para ocupar altos cargos. Guarniciones de soldados griegos se extendieron por todo el país para asegurar la paz y la estabilidad. El nuevo Estado parecía ofrecer serias posibilidades de unificación y organización, pero los desordenes no tardaron en llegar. Las tensiones con la nobleza local fueron en aumento. Los egipcios, tratados como ciudadanos de segunda, se revelaron en numerosas ocasiones contra la explotación cada vez mayor de la población indígena. Las constantes revueltas obligaron a Ptolomeo IV Filopator a hacer numerosas concesiones en el año 217 a.C. iniciando una política de privilegios fiscales y condonación de impuestos que terminarían llevando al Estado a la bancarrota.

Los reyes lágidas carecieron, por lo general, de la fuerza y de la inteligencia de sus antecesores egipcios. La mayoría alcanzaron el trono muy jóvenes, bajo la regencia de reinas ambiciosas que tomaron el poder asesinando a los reyes anteriores. Esto determinó una rápida decadencia, que finalmente desembocaría en un estado de anarquía y de empobrecimiento insostenible. El trágico final de un país que había sido uno de los más ricos y mejor organizados de la antigüedad.

La cultura, en cambio, vivió uno de sus momentos de máximo esplendor con la inauguración de la biblioteca de Alejandría, que reunió a sabios y artistas de todo el mundo. También fueron reedificados numerosos templos antiguos y otros muchos fueron ampliados y embellecidos, en una acción coordinada de reactivación de los lugares mistéricos que habían sido la columna vertebral espiritual de la civilización egipcia. Un plan que, al parecer, ya estaba en la mente de Alejandro desde el primer momento, y que supuso una nueva etapa de esplendor para el arte y la religión egipcia, en la que no faltaron numerosas readaptaciones y sincretismos de la historia sagrada. Pero el dominio griego de Egipto no sobrevivió mucho tiempo a la decadencia de la propia Grecia. Hacia el año 200 a.C. una nueva potencia comenzó a cobrar protagonismo, ampliando sus fronteras y anexionando a su Imperio los antiguos pueblos de oriente. La influencia de Roma sobre el país del Nilo no se hizo esperar. Los faraones ptolemaicos, víctimas de sus propias disputas y traiciones familiares no pudieron resistirse a la sólida voluntad de los romanos que se hicieron con poder a la muerte de Ptolomeo XII Auletes.

En el año 51 a.C. Ptolomeo XIII Neo Dionisio y su hermana Cleopatra VII, sucedieron en el trono a su padre, bajo la tutela del Senado romano. Cuando Pompeyo el Grande se enfrentó a Julio César, Cleopatra tomó partido por Pompeyo, cambiando de bando al ser derrotado este en la batalla de Farsalia, en el 48 a.C. Superviviente nata, Cleopatra se casó primero con su hermano menor, Ptolomeo XIV, para mandar asesinarlo años más tarde, desposando después al hombre más poderoso de Roma, Julio César, con el que tuvo un hijo llamado Cesarión. Tras el asesinato de Julio César en el año 44 a.C., se unió al vencedor de la batalla de Filipos, el general Marco Antonio. Su influencia sobre Marco Antonio determinó la recuperación para Egipto de los territorios de Fenicia, Siria, Cilicia, Chipre y la Arabia nabatea, disputados al reino seléucida desde el siglo IV a.C. También supuso el reconocimiento de los derechos sucesorios de su hijo Cesarión, hechos que terminaron provocando la respuesta militar de Roma.

Las tropas de Octavio Augusto invadieron Egipto tras la derrota de Marco Antonio en la batalla de Actium, en el año 30 a.C. Cleopatra abandonó Alejandría y buscó la muerte en la mordedura de un áspid, serpiente sagrada durante milenios para los egipcios, símbolo del poder real y de la vida eterna. Roma convirtió a Egipto en el granero del Imperio, y le hizo depender de los Príncipes a través de un prefecto imperial. Egipto sufrió los avatares de las revueltas religiosas tras la conversión al cristianismo del Imperio Romano en el año 379 d.C. Tras el Edicto de Teodosio, en el año 383 d.C., los antiguos templos fueron definitivamente cerrados, destruidos o convertidos en iglesias por el patriarca Teófilo, que se encargó de cumplir la orden con especial entusiasmo. Con estos hechos, la lengua y la cultura egipcia desaparecieron para siempre, quedando condenadas al olvido durante siglos. A la muerte de Teodosio, Egipto se unió al Imperio Bizantino, del que formó parte durante siglos, aunque la Iglesia Copta terminaría por adherirse al monofisismo, separándose de la corriente principal del cristianismo en el siglo V. Con la llegada del Islam en el año 642 d.C. se inició el último capítulo de la historia del país que ,con sus diferentes etapas, aún perdura en la actualidad.



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