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Época Tinita


«…nos reunimos todos alrededor de un estanque fangoso en medio del cual yace un bloque amorfo de piedra caliza, ennegrecida y corroída. Según parece, se trata del famoso coloso postrado de Ramsés el Grande. Es uno de los dos que se levantaban a la entrada del gran templo de Ptah. ¿Dónde, sin embargo, está su otro compañero? ¿Dónde está el propio templo? ¿Dónde están los pilares, los obeliscos y las avenidas de esfinges? ¿Dónde, en suma, está Menfis?»

Amelia Edwards.

Está comúnmente aceptado que la historia de Egipto comienza entre los años 3200 y 3000 a.C. Existen enormes dificultades para estudiar esta época. Algunas de las principales fuentes de información para la reconstrucción de este período son las listas de reyes, recopiladas en fechas muy posteriores, y que albergan innumerables contradicciones. La Piedra de Palermo, la Lista real de Karnak, la Lista real de Abidos, la Lista de Saqqara y el que probablemente es el más completo de todos estos documentos, el Papiro real de Turín, son algunas de las listas más importantes, aunque la información que proporcionan es relativa. La identificación de los primeros reyes de Egipto que figuran en estas listas, con los nombres reales de Horus[1] con los que aparecen denominados en los monumentos de los períodos Predinástico y Arcaico es muy problemática. Muchos de ellos parecen incluso no haber existido nunca, y en todos los casos la sucesión es del todo insegura. Algunos documentos muestran secuencias secundarias de reyes en relación con otros, o dejan enormes lagunas entre los reinados. La costumbre egipcia de que los faraones usasen, después de la coronación, hasta cinco títulos diferentes, con sus correspondientes nombres, crea aún mayores complicaciones.

Ante la escasez de textos escritos de la Época Arcaica y las numerosas dificultades epigráficas que estos presentan, las fuentes principales e imprescindibles para la reconstrucción de esta época son las arqueológicas. Pero la arqueología egipcia, a diferencia de la mesopotámica, carece de yacimientos bien estratificados que sirvan de base para establecer una cronología fiable. Es por esto que las opiniones sobre este período están muy divididas entre los especialistas. La mayor parte de los objetos de este período encontrados, lo han sido en Hieracómpolis, Abidos, Heluán, Naqada y Saqqara.

 

Maza del rey Escorpión conservada en el Ashmolean Museum de Oxford

 

Parece seguro que al comienzo de la Época Arcaica, los reinos locales que se habían ido formando al final del Período Predinástico, se concentraron en dos grandes federaciones de acuerdo a la división geográfica tradicional del país: el Bajo Egipto, representado por la corona roja, con capital en Pe (Buto); y el Alto Egipto, representado por la corona blanca, con capital en Nejen (Hieracómpolis). Según el relato de Herodoto, hacia el 3000 a.C. un personaje llamado Menes protagonizó la unificación de las dos tierras en un solo reino, dando origen a la dinastía I y a la historia de Egipto propiamente dicha. Menes procedía de Tinis, una ciudad del Alto Egipto cerca de la actual Abidos. Este soberano era el último de los reyes Halcón, que habían combatido y sometido a los reyes Caña, que a su vez se habían enfrentado a los reyes Abeja. Las sangrientas luchas entre los distintos reinos finalizaron cuando Menes ciñó por primera vez las dos coronas, la blanca del Alto Egipto y la roja del Bajo Egipto. Después fundó la ciudad de Menfis, a medio camino entre los dos reinos rivales, y la convirtió en la capital del nuevo Estado, desde la que gobernó todo el país hasta la edad de sesenta años en que fue abatido por un hipopótamo.

Desde Menfis gobernaron también los primeros faraones de Egipto, aunque el origen de las dinastías I y II en la ciudad de Tinis, y la ubicación de la mayoría de los enterramientos de sus faraones en la necrópolis de Abidos, ha hecho que conozcamos también al Período Arcaico como el de las Dinastías Tinitas. Sir Flinders Petrie realizó excavaciones en Abidos y descubrió muchas de sus tumbas reales. Otros hallazgos muy importantes se realizaron en Hieracómpolis, donde apareció la paleta de pizarra del rey Narmer, uno de los documentos más antiguos y valiosos del Egipto unificado, y la cabeza de maza del rey Escorpión.

 

Paleta del rey Narmer en el Museo Egipcio de El Cairo

 

Más allá de lo narrado por el historiador griego, la realidad es que se desconoce por completo el proceso histórico que dio lugar a esta primera unificación del país. Se sabe que Narmer fue uno de los primeros soberanos de esta época. Rey del Alto Egipto, conquistó el norte y ciñó ambas coronas, tal y como aparece representado en su famosa paleta. Es por esta razón que Gradiner[2] lo identificó con el propio Menes, aunque otros investigadores prefieren identificarlo con el rey Escorpión. Escorpión guarda muchas similitudes con el rey Narmer; fue originario probablemente de Hieracómpolis, conquistó el norte del país y tal vez dio origen a la monarquía doble, aunque este es un dato inseguro, ya que es su famosa cabeza de maza aparece tocado únicamente con la corona blanca del Alto Egipto. La identificación del rey Narmer con el rey Escorpión es en la actualidad una de las teorías mayormente aceptadas por los egiptólogos, aunque también es posible que el rey Escorpión fuera en realidad un antecesor de Narmer, y que sólo obtuviese algunas victorias parciales contra los reinos del delta, hasta la definitiva unificación del país a manos de Narmer. Algunos investigadores han llamado a este período tan confuso la «Dinastía 0», identificado también como Naqada III.

 

Juan Adrada en la necrópolis real de Umm el-Qaab

 

La Dinastía I se desarrolló entre los años 3050 y 2890 a.C. Está compuesta por siete u ocho reyes encabezados por el rey Aha, probablemente hijo de Narmer. Su segundo nombre fue Men, del que, según parece, se originó el nombre Menes que la tradición atribuye al primer rey de Egipto. Seguramente fue él quien efectivamente fundó la ciudad de Menfis, que en egipcio se escribe Mn-nfr, Men-Nefer, «estable en belleza», y también edificó un templo a la diosa Neit en Sais. Le sucedieron los faraones Dyer, Uadjy y Den. El último rey de la dinastía I fue Qaa, y se cree que tras su mandato el país se vio envuelto en serios desórdenes internos hasta la llegada al poder del faraón Hetepsejemuy, fundador de la dinastía II.

La Dinastía II gobernó entre el 2890 y el 2686 a.C. y tuvo serias dificultades para mantener el control de país. Durante el mandato de su cuarto rey, Sejemib, volvieron a cobrar auge las rivalidades entre los dos reinos, y el rey cambió su nombre por el de Seth Peribsen. Al más famoso rey de esta dinastía, Jasejemuy le correspondió la unificación de las tendencias religiosas. En su propio nombre se incorporaron los nombres de los dos eternos enemigos, Horus y Seth. Su tumba, en la necrópolis real de Abidos, es una de las más suntuosas del Egipto antiguo. La dinastía II terminó con la reina Hepetmaat, una princesa del norte con la que se casó Jasejemuy. Su sucesor, Sanajt, se casó a su vez con una hija de ambos y fundó la Dinastía III, y con ella el Reino Antiguo.

 

[1] El «nombre de Horus» (Hr) es el primero de los títulos del faraón. Se escribía dentro de un rectángulo que representaba la fachada del palacio real. Sobre este aparecía la figura del halcón, símbolo del dios Horus.

[2] Gardiner, A.: The Royal Canon of Turín, Oxford, 1959.



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