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Imperio Medio


“La Tebas egipcia, cuyas casas encierran riquezas infinitas; la Tebas de las Cien Puertas, cada una de las cuales puede ser cruzada por doscientos hombres armados con sus carros y caballos”.
                                                                                                                                       Homero

Según Manetón, el Imperio Medio abarcó las Dinastías XI y XII, aunque ya hemos visto que la reunificación del reino se debió al quinto rey de la Dinastía XI. Se extendió entre los años 2065 y 1792 a.C. Durante este período Egipto retorno a la paz y la prosperidad, aunque ya nunca se alcanzaría el nivel de desarrollo del Imperio Antiguo. Con Mentuhotep II la monarquía volvió a restaurarse con fuerza y esta garantizó la unidad política y económica del país hasta la invasión de los hicsos. Este faraón consolidó las fronteras con expediciones militares a la Baja Nubia, a los oasis libios y contra los asiáticos del este. Sus realizaciones militares se resumen en el famoso relieve de Gebelein, en el que Mentuhotep aparece masacrando a un egipcio, un nubio, un libio y un asiático. Después organizó desde Tebas la reconquista del norte, conquistando Heracleópolis apoyado por tropas nubias. Su reinado comenzó con una política de concesiones a los nomarcas locales, seguramente hechas a cambio de ser reconocido como rey en Menfis. Después endureció sus actuaciones, reemplazando a algunos nomarcas y limitando su poder, que aún era importante. La oposición al rey de las familias más destacadas fue una constante durante todo su reinado. Edificó su tumba en la orilla occidental tebana, en Deir el-Bahari, donde construyó un templo distribuido en terrazas, con amplios antepatios ajardinados, fachadas porticadas y una colina primigenia rematando el conjunto, en lugar de la habitual pirámide.

Tras sus sucesores, Mentuhotep III y IV, se inició la Dinastía XII, en la que destacan los reyes Amenemhat, de los que hubo cuatro, y los Senusert, que fueron tres, a los que hay que añadir una última reina llamada Nefruresobek. Ellos representaron el apogeo del Imperio Medio, un largo período de estabilidad que sólo se vio sacudido por el asesinato de Amenemhat I, al parecer un caso aislado, acontecido mientras el joven príncipe Senusert I realizaba una incursión contra los libios. Este trágico acontecimiento aparece relatado en la Historia de Sinuhé.

La Dinastía XII construyó su capital lejos de Tebas y de Heracleópolis, en las proximidades de la actual Lisht, a treinta y dos kilómetros al sur de Menfis. La llamaron Ity-tawy, que significa “dominadora de las dos tierras”. De hecho, desde esta ciudad se proponían vigilar de cerca el Alto y el Bajo Egipto a fin de alejar para siempre el fantasma de la división. Su emplazamiento aún no ha sido descubierto. Una de las innovaciones de la Dinastía XII fue la instauración de la corregencia, de la que tenemos noticia gracias a la Historia de Sinuhé y a las Instrucciones de Amenemhat. Mediante este sistema el heredero quedaba asociado al trono compartiéndolo hasta la muerte de su antecesor, tras la cual era coronado faraón y a su vez nombraba un nuevo corregente.

Realizaciones literarias importantes de esta época son también las llamadas sebayt, “sabidurías” o “enseñanzas”, que intentan abrir el espíritu del lector y formar su inteligencia y sensibilidad para mantenerlo en el camino de la rectitud. Las Máximas de Ptahhotep, conocidas desde el Imperio Antiguo, son una guía excepcional, todavía hoy, para alcanzar ese ideal egipcio de plenitud y sabiduría. El Himno al rey, por su parte, representa al monarca como un ejemplo a seguir, ideal de justicia, todopoderoso y amante de su pueblo.

En lo religioso también se producen importantes transformaciones. Durante esta época, el dios Amón empezó a alcanzar preeminencia en Tebas, en lugar de Montu, dios de la guerra y culto principal en esa ciudad hasta entonces. La diosa Maat, la justicia, fue también valorada como fuerza que aseguraba un universo organizado, de cuyo mantenimiento el faraón era responsable.

Durante la Dinastía XII se levantaron nuevas pirámides en El Lisht, Dahshur, Hawara y El Lahun en el Fayum. El arquitecto Anupy construyó en El Lahun la tumba de Senusert II. A esta época pertenece la llamada “Pompeya de Egipto”, la ciudad de los obreros que construyeron esta pirámide. Sus habitantes la abandonaron de improviso por causas desconocidas. Entre sus ruinas se han encontrado multitud de utensilios de la vida cotidiana y decenas de papiros de los más variados temas. Senusert III invirtió enormes recursos para la reconstrucción de templos como el de Abidos, tal y como se menciona en una inscripción del funcionario Ijernefret. Este faraón construyó su pirámide en Dahshur, junto a Menfis. Con sus ciento siete metros de lado es la mayor de la dinastía XII, aunque en la actualidad está completamente destruida. A su alrededor se encuentran las mastabas de la reina Mereret y de la princesa Sit Hathor Yunet, en las que apareció un importante tesoro de joyas que no sufrió el expolio de los saqueadores.

Junto a este nuevo auge artístico y religioso, cobraron también un gran desarrollo la política exterior y los intercambios comerciales. Se enviaron expediciones al País del Punt, situado probablemente en algún lugar indeterminado de la costa africana, entre las actuales Somalia y Eritrea. Las naves egipcias también llegaron hasta las costas libanesas, estableciéndose relaciones diplomáticas especialmente con el príncipe Ipshemuabi. Otras expediciones cruzaron Udj-ur, “el gran verde”, nombre que los egipcios daban al mar Mediterráneo, y tomaron contacto con el mundo egeo y con la isla de Creta. Son muchos los hallazgos de objetos que fueron producto de los intercambios comerciales de esta época. Joyas con el cartucho de Amenemhat II se descubrieron en la necrópolis real de Biblos, en el actual Líbano, y otros muchos objetos egipcios han sido encontrados en Qatna, Ebla, Hazor y las islas del Mediterráneo. En 1936 se descubrió un gran tesoro en el Templo de Montu en El-Tod, al sur de Luxor, conteniendo copas de plata procedentes del Egeo, sellos cilíndricos y amuletos de origen mesopotámico, y vasijas de cerámica cretense del estilo de Kamarés.

El desarrollo del comercio se vio potenciado por el control de las rutas, mediante la construcción de fortalezas que guardaban los caminos y protegían por igual las expediciones comerciales y la explotación de la riqueza minera. El oro se extraía de las minas cercanas a Coptos. También se explotaron las minas de turquesa en el Sinaí, de amatista en uadi[1] el-Hudi, y de grauvaca en uadi Hammamat. La presencia militar en Qantir, en el brazo oriental del delta, se hizo continua. Desde aquí comenzaba una importante ruta comercial y militar que se dirigía a Palestina. Otra importante fortaleza controlaba uadi Natrun, situado en el oeste, cuyos habitantes exportaban al valle del Nilo sus propios productos y otros procedentes del intercambio exterior. El control de Nubia se impuso lentamente mediante expediciones militares, que protagonizaron serios enfrentamientos con el principado de Kerma, en la región de la tercera catarata. Una inscripción describe la limpieza del canal que salvaba las dificultades de la Primera Catarata en tiempos de Senusert III, despejándolo, ensanchándolo y haciéndolo más profundo.

A la muerte de Senusert III, ocupó el trono de Egipto su hijo Amenemhat III, en cuyo reinado se alcanzó la cima de la prosperidad económica del Reino Medio. Este fue su último gran monarca. Su sucesor Amenemhat IV, seguramente murió joven, y la reina Nefruresobek actuó de regente y luego reinó sola durante algún tiempo. Con su muerte finalizó la Dinastía XII y el Imperio Medio.

 

[1] La palabra uadi, de origen árabe, significa río, y suele asignarse a barrancos secos que fueron el cauce de antiguos ríos prehistóricos ahora desaparecidos.



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