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Segundo Periodo Intermedio


Esta etapa de la historia egipcia se extiende entre los años 1782 y 1570 a.C. y está dividida en tres períodos bien diferenciados. La primera es el gobierno de las Dinastías XIII y XIV; la segunda comienza tras la invasión asiática de los hicsos, que constituyen las Dinastías XV y XVI; finalmente, la tercera es paralela a las dinastías de los hicsos y está determinada por el gobierno de la Dinastía XVII en el sur de Egipto, desde donde se promovió de nuevo la reunificación del país.

Esta época es, junto a los orígenes de la civilización egipcia, la más oscura de la historia de Egipto. La lista de los faraones de la Dinastía XIII es un verdadero laberinto en el que sólo destaca el nombre de Sebekhotep II. Las escasas fuentes conocidas que hablan sobre esta época, principalmente algunas inscripciones y escarabeos, dan una información confusa y muchas veces contradictoria. El Papiro real de Turín menciona los nombres de sesenta reyes, de los cuales el último es Merneferra, al que sin embargo, según otras fuentes, le sucedieron otros faraones. Se sabe que estos reyes eran de origen tebano y que su capacidad para gobernar se vio afectada por el cada vez mayor poder de los visires[1], cuyos cargos llegaron a ser hereditarios, perpetuándose en el tiempo más incluso que los propios faraones.

Tras la subida al trono de Sebekhotep IV, los hicsos invadieron el norte del país y lo mantuvieron ocupado durante más de un siglo. Este es otro de los episodios más discutidos y menos claros, debido a la escasa fiabilidad de la principal fuente literaria que nos relata este período: el texto Contra Apionem de Flavio Josefo, tomado a su vez de Manetón. También hacen referencia a esta época el Papiro Bulaq nº 18, el Papiro Kahun y las estelas números 51 911 y 52 453 de El Cairo. En estos documentos se habla de los heqau-khasut, los «príncipes del desierto», emigrantes asiáticos que invadieron el delta aprovechando la debilidad del gobierno egipcio. En contra de la visión de Josefo, algunos investigadores opinan que se trató de una lenta penetración pacífica. Otros, por el contrario, mantiene los supuestos de una invasión masiva. Su primer rey, Salitis, fundó su capital en Avaris, actualmente Tell el-Dab, y dio comienzo a la dinastía XV, o de los Grandes Hicsos, según Manetón, a la que seguiría la dinastía XVI, o de los Pequeños Hicsos. Los nombres de algunos de sus reyes, como Bnon, Apachanan, Iannas o Apopi, hacen pensar en un origen semita mezclado con elementos indoeuropeos.

Se cree que la Dinastía XVI no gobernó como tal, sino que sólo fue un concepto elaborado por los comentaristas de Manetón para englobar a los vasallos de los Grandes Hicsos de la Dinastía XV. Estos se extendieron por todo el valle del Nilo, salvo por los territorios pantanosos de la parte occidental del delta, que permanecieron independientes bajo el gobierno de los Príncipes de Xois. Los nombres de estos gobernantes aparecen en el Papiro real de Turín y componen la Dinastía XIV de Manetón. Los invasores hicsos también tuvieron serios enfrentamientos en el sur del país, donde la Dinastía XVII gobernó desde Tebas un territorio muy amplio que se extendía entre Abidos y la Isla Elefantina, en la actual Asuán. A pesar de sus escasos recursos, la Dinastía XVII logró mantener intacta la cultura del Imperio Medio y transmitirla como semilla de regeneración que fructificaría en el Imperio Nuevo.

La lucha contra los hicsos se intensificó hacia el 1570 a.C. La momia del príncipe tebano Seqenenra Taa presenta graves heridas en el cráneo, producidas por la batalla. También sabemos de las victorias de su sucesor Kamose, por dos estelas del templo de Karnak. Pero sería el sucesor de este, Ahmose I, el que derrotaría a los hicsos, sitiando y destruyendo su capital, Avaris. Este hecho se relata en la autobiografía de un noble local llamado Ahmose, hijo de Abana, de la ciudad de Nejbet, hoy El Kab, que luchó en el ejercito conquistador y dejó constancia de ello en los jeroglíficos de su tumba. Ahmose I fue el reunificador de Egipto y el fundador de la dinastía XVIII, con la que entramos en una nueva etapa de la historia, la más sugerente y mejor documentada, el Imperio Nuevo.

 

[1] El cargo de visir aparece ya en el Imperio Antiguo. El visir ejercía como jefe supremo del poder ejecutivo y se situaba inmediatamente por debajo del faraón. También actuaba como Ministro de Justicia.



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