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Tercer Periodo Intermedio


El Tercer Período Intermedio empezó con la muerte del último de los ramésidas, Ramsés XI, que temiendo por su seguridad, había huido de Tebas dejando inconclusa la tumba que estaba construyendo en el Valle de los Reyes. La Dinastía XXI dio comienzo en el año 1069 a.C. Los reyes Esmendes, Amenemisu, Psusenes I y Pinedyem I, que forman esta dinastía entre otros, desplazaron la capital a Tanis, ciudad que a partir de ahora adquiere una gran importancia como capital y necrópolis real. Mientras tanto, en Tebas, gobernaron los poderosos sacerdotes de Amón, entre los que destacan Herihor, Pianji, Masaharta y Menjeperre. Egipto estaba sumido en la ruina y las conmociones externas e internas acabaron por desmembrar todo el país, sumido en continuas guerras civiles. Estas guerras eran protagonizadas muchas veces por mercenarios libios a los que se pagaba con concesiones de tierras en el delta, hecho que facilitó la instalación de los antiguos enemigos de Egipto en el interior del país.

Hacia el año 945 a.C. un general llamado Sheshonq accedió al trono de Egipto fundando la Dinastía XXII, con capital en Bubastis, en la zona del delta. La escasa información que se tiene de esta dinastía proviene en su mayoría del Antiguo Testamento, ya que esta época coincide con la de los reyes David y Salomón. Aunque el origen de Sheshonq era libio, difícilmente podía tratársele de extranjero, ya que pertenecía a una familia de sacerdotes que habían vivido en Heracleópolis desde hacía generaciones, pero lo cierto es que el elemento propiamente egipcio va desapareciendo gradualmente a partir de esta época. Shehsonq I se propuso restaurar el prestigio egipcio, empezando por reunificar el gobierno del país, para lo cual nombró sumo sacerdote de Amón en Tebas a su hijo Iuput. Emprendió numerosas campañas militares en Palestina, conquistando numerosas ciudades, llegando incluso a saquear el Templo de Salomón en Jerusalén el año 930 a.C. A pesar de la creciente prosperidad económica que supusieron estas invasiones, los problemas internos de Egipto no cesaron a lo largo de toda la dinastía y las rivalidades de los faraones libios con los príncipes locales y los sucesivos sacerdotes de Amón, hicieron estallar los enfrentamientos periódicamente. La Dinastía XXIII, también de origen libio, gobernó simultáneamente el sur del país desde su propia capital, Tanis, extendiéndose su reinado desde el año 818 hasta el 715 a.C.

Mientras Egipto se descomponía en guerras civiles, en la lejana Alta Nubia, independizada del poder egipcio desde hacía muchos años, se produjo un fenómeno de consecuencias imprevisibles. Un nuevo reino, fruto de la mezcla de las culturas egipcia y africana, se organizó alrededor de la cuarta catarata, donde se fundó su capital Napata, la actual Gebel Barkal, en Sudán, a finales del siglo X a.C. Durante los últimos años del Imperio Nuevo, la progresiva situación de deterioro e inseguridad que se produjo, hizo que un importante número de sacerdotes tebanos emigraran a estas tierras, donde extendieron el culto de Amón construyendo otro importante templo de este dios en Napata, desde el que se irradió la cultura y costumbres egipcias por toda la zona. El rey Kashta extendió su reino hacia el norte, ocupando la Baja Nubia hasta la isla Elefantina donde erigió una estela en el templo de Jnum, adoptó la titulatura egipcia de faraón y fundó la Dinastía XXV. Su hijo Pianjy ampliaría la influencia napatiense hasta Tebas, donde su hija Amenirdis fue nombrada Gran Esposa de Amón.

Mientras tanto, el norte de Egipto es gobernado por Tafnajt, fundador de la Dinastía XXIV, de origen saíta, que se mantiene en el poder ayudado por las minorías libias. Desde aquí inicia una victoriosa campaña de conquista de los nomos del delta oriental y el Medio Egipto, hasta alcanzar Heracleópolis y Hermópolis que se rinden sin presentar batalla. Pianjy le salió al paso con una expedición arrolladora que hizo retroceder a Tafnajt hasta la misma Menfis, donde se vio obligado a reconocerle faraón y rendirle tributo. El dominio de todo Egipto fue reforzado por el hijo de Pianjy, el faraón Shabako, que sin embargo se vio obligado a trasladar su corte a Tanis ante el avance del asirio Sargón II. Dotó a Tebas de magníficas construcciones, recuperando una tradición que se había perdido desde hacía siglos.



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