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Osirión de Abidos


Se trata de un templo subterráneo construido en honor del antiguo dios Osiris en Abidos. Se encuentra inmediatamente detrás del templo de Seti I, al suroeste, enterrado a unos doce metros por debajo del nivel del suelo. Aunque los arqueólogos fechan su construcción mayoritariamente durante el Reino Nuevo, hay quienes opinan que es mucho más antiguo. El extraordinario tamaño de los bloques de granito que lo componen hace volar la imaginación hasta un pasado mítico imposible de constatar.

Mucho más cerca de la hipótesis científica, hay quienes cuestionan la antigüedad que se le atribuye alegando la extraña forma en L del templo de Seti, que habría sido elegida para evitar la estructura del Osirión, que ya existiría previamente. También su aspecto, muy similar al de los templos funerarios de la Dinastía IV, especialmente al de Kefrén, junto a la Esfinge, sería un nuevo argumento para considerar una antigüedad mucho mayor.

Son las muchas inscripciones realizadas en las paredes por Seti I y su nieto Merenptah, lo que ha hecho afirmar a la mayoría de los investigadores que la construcción del Osirión tuvo lugar durante la Dinastía XIX. Esta conclusión la sostienen, principalmente, en el hecho de que el nombre Seti está grabado en las hendiduras con forma de cola de milano, que mantienen unidos los enormes bloques de granito de la cámara principal, sin que se haya encontrado material de construcción anterior a esta época.

 

El templo subterráneo construido en honor del antiguo dios Osiris

 

El complejo del Osirión fue descubierto en 1902 por Margaret Alice Murray y Flinders Petrie. En la temporada de 1902 a 1903, Petrie había confiado a su esposa Hilda la dirección de las excavaciones en Abidos. También estuvieron presentes Margaret Murray, que se dedicó a copiar los textos religiosos, y la artista Miss F. Hansard, que se encargó de dibujar las reproducciones de los relieves. Las tres mujeres se hicieron cargo de todos los trabajos necesarios para la empresa. La investigación del lugar continuó en 1926 bajo la dirección de Henri Frankfort.

Originalmente, el Osirión estaba cerrado por un techo de bloques de granito sobre el que se elevaba un túmulo de tierra, seguramente cubierto por hileras de árboles, lo que lo ocultaba a la vista. La entrada estaba en el oeste de la instalación, desde donde un largo pasillo descendente conducía al sureste, hasta una sala rectangular con una habitación contigua más estrecha. Las paredes del pasillo se decoraron con pinturas representando el Libro de las Cavernas en el lado noreste y el Libro de las Puertas en la pared opuesta. Ambos libros describen el viaje nocturno del Sol a través del inframundo. Bajo Merenptah, en el extremo sur del pasillo, las pinturas fueron sucedidas por representaciones esculpidas en bajorrelieve.

 

Pasillo descendente y sala rectangular que dan acceso al Osirión

 

Se pueden encontrar más bajorrelieves de la época de Merenptah en la sala rectangular, en la habitación contigua, en el pasillo que va desde la sala rectangular hacia el noreste, torciendo también en forma de L, y en las paredes de la cámara transversal en la que desemboca, previa a la cámara principal.

Desde la cámara transversal, cruzando una puerta con un dintel aún existente, accedemos a la cámara principal del templo, construida con bloques de granito rojo, en la que destacan dos filas de cinco grandes pilares cada una, sobre una isla artificial rodeada por un foso inundado de agua freática, representación simbólica de la colina sagrada sobre las aguas del Nun. Durante mucho tiempo, todo el suelo del Osirión estuvo bajo el agua, aunque hoy en día se drena constantemente para evitar la erosión del lugar.

Las paredes y el techo de la cámara principal se decoraron con textos cosmológicos del Libro del Cielo, así como representaciones de los decanos. Los muros norte, sur y este están tan destruidos, que la lectura ya no es posible, pero aún pueden verse restos del Libro de la Tierra en la pared oeste.

 

Descubrimiento del Osirión en 1903 del libro de Margaret Alice Murray

 

Desde el centro del templo, dos escaleras conducen al foso, una hacia el noreste y otra al suroeste. Entre estas, sobre la isla artificial, se excavan dos pozos profundos, uno rectangular y otro cuadrado, destinados posiblemente a la ubicación de un sarcófago y de un santuario para los vasos canopos. En las paredes exteriores, alrededor del foso, hay dieciséis nichos, seis en los lados más largos y dos más pequeños en el lado de la entrada y en la pared opuesta. En el centro de esta última, una puerta baja conduce a una segunda cámara transversal detrás de ella, que no tiene más accesos. Aquí, los altorrelieves en techos y paredes muestran escenas del Libro de Nut y del Libro de la Noche, enmarcados por dos representaciones de la diosa Nut.

Del techo que cerraba el Osirión solo se conservan algunas partes, por lo que desde arriba se tiene una amplia vista del antiguo complejo del templo. El colosal edificio demuestra la gran importancia de Osiris en Abidos, considerada desde tiempos muy remotos el lugar de enterramiento del dios.

 

Nuestros enlaces

 

Margaret Alice Murray “The Osireion at Abydos”

 

  Licencia Creative Commons CC BY-NC-ND 4.0

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