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El don del Nilo


“¡Oh! Señor de todos los hombres,
pusiste al Nilo en el cielo para que descendiese sobre los montes
y los mares para regar los campos.
El Nilo está en el cielo y brota del Más Allá para Egipto”.
Del antiguo Himno al Nilo               

“El Egipto que los griegos visitan con sus barcos es un país regalado, un don del Nilo”

Heródoto de Halicarnaso

 

Parece un tópico repetir una vez más aquello de que Egipto es un don del Nilo, pero nada hay más cierto. La civilización egipcia nació y floreció a lo largo del valle de mil doscientos kilómetros que, encajonado entre las cordilleras Líbica, al oeste, y Arábiga, al este, se extiende desde la Primera Catarata, donde actualmente se sitúa la ciudad de Asuán, hasta la desembocadura del Nilo en el mar Mediterráneo.

Es una zona dividida en dos regiones geográficas perfectamente diferenciadas. La primera, al sur del país, es una estrecha franja de tierra fértil junto a las márgenes del río, rodeada a ambos lados por el desierto. La segunda, el amplio delta al norte, exuberante de vegetación, es una ancha llanura de aluviones formada en la antigüedad por cinco brazos en los que se dividía el río, y de los que actualmente sólo quedan dos.

Contrariamente a lo que podría pensarse por su ubicación en el mapa, las tierras áridas del sur del país, en las que el río discurre como una entalladura abierta en el desierto, eran conocidas como el Alto Egipto, pues desde estas tierras altas el curso del río desciende buscando el nivel del mar. Mientras que las tierras más bajas del delta, al norte del país, recibían el nombre de Bajo Egipto.

La línea fronteriza entre las dos regiones pasaba a la altura de Menfis, a pocos kilómetros de la actual capital, El Cairo, en la punta inferior del delta. En esta región se fundó el primer gran centro económico, la ciudad de Letópolis, antecesora de Menfis, y también uno de los más importantes centros religiosos de todo Egipto, Heliópolis, dedicado al culto solar.

 

El rio Nilo fluyendo sereno al atardecer a la altura de Kom Ombo

 

Hasta la construcción de la presa de Asuán, finalizada en 1971, Egipto sufría una crecida anual del Nilo considerada en la antigüedad un misterio, casi un milagro. Entre los meses de julio y agosto, en mitad de la estación más calurosa del año, llegaba la crecida, provocada por las lluvias torrenciales que caen en Etiopía. Allí nace el Nilo Azul, y desde allí inicia su recorrido de mil seiscientos kilómetros hasta Jartum.

Una segunda corriente, llamada el Nilo Blanco, fluye desde el Lago Victoria, el mayor de África, que se encuentra entre Uganda, Kenia y Tanzania, desde donde recorre los más de seis mil kilómetros que lo separan del mar Mediterráneo, a través de diez países. Ambas corrientes se unen en Jartum, la capital de Sudán, desde donde fluyen unidas hacia su desembocadura, tres mil kilómetros al norte.

Entre Jartum y la primera catarata, se extendía antiguamente la región de Nubia, donde el río salvaba seis peligrosos rápidos conocidos como “cataratas”. Nubia estaba dividida a su vez en otras dos regiones, el país de Uauat, la Baja Nubia, y el país de Kush, la Alta Nubia, actualmente Sudán. Esta tierra estaba habitada por una cultura autóctona, de origen africano, que estuvo sometida a la autoridad de Egipto la mayor parte de su historia. La segunda y tercera cataratas, y toda la región de Nubia, desaparecieron bajo las aguas del Lago Nasser tras la construcción de la gran presa de Asuán.

 



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